La empatía en general es un valor fundamental en todo tipo de circunstancias, no es solo aplicable a la educación de los niños; en etapa adulta también hay que ponerlo en práctica pues los adultos son el modelo de aprendizaje de los niños como es el caso de padres, cuidadores y educadores.

Ser un profesor empático es fundamental pues  ejerce un poder sobre los niños: los motiva, estimula y es clave para su desarrollo académico. Por lo tanto, un buen educador puede marcar la diferencia entre un niño apasionado por aprender y otro que odie el colegio.

A algunos educadores solo les interesa hacer lo básico; dictar cátedras poco llamativas para los niños, dejar tareas para la casa y mostrar el estudio como parte de la rutina; esto es un grave error del cual no miden las consecuencias. Pocos se interesan por los sueños, los sentimientos y los miedos de los niños. Pero; porqué es tan importante la empatía del profesor con los niños? Al igual que a sus padres, los niños también ven  a los educadores como modelo de referencia. Admiran a sus maestros, les hacen dibujos, en casa no paran de hablar de ellos, les llevan regalos y por supuesto los quieren muchísimo. Es por tanto tarea del educador responder con atención, dedicación, respeto y amabilidad porque de él depende el desarrollo académico de esos niños.

La empatía del maestro con el niño trae consigo una serie de beneficios; estos son algunos de los más influyentes en los menores:

  1. Mejora su autoestima: Un buen profesor hace que cada niño se sienta especial. Los escucha con atención, jamás los ridiculiza, les tiene paciencia y nunca los hace sentir que valen menos que los demás. Sabe muy bien que cada uno de sus alumnos es distinto y se preocupa por fomentar sus puntos fuertes y restarle importancia a los débiles. Por el contrario; un mal docente puede terminar causando auténticos traumas en el niño. Educar mediante el miedo, las amenazas y las burlas NO ES EDUCAR; ES MALTRATAR.
  2. Facilita el aprendizaje: Si un niño se siente motivado, aprende más y mejor. Es muy fácil de conseguir para un buen docente; con un poco de creatividad e imaginación se pueden hacer muchas cosas en materia educativa. Los juegos, las historias, las canciones, las obras de teatro son herramientas que suelen ser muy útiles a la hora de impartir aprendizaje en los niños. Cuanto más feliz y animado este el niño, más sencillo va a ser que preste atención.
  3. Evita la exclusión social: Hoy en día el bullyng es una realidad tangible. Un maestro empático puede brindarle a la víctima de acoso un refugio temporal. La rápida actuación de los docentes ante casos de esta índole han salvado la vida de muchos niños. También en casos menos severos puede fomentar la integración del niño con los otros estudiantes o puede introducirlo en nuevos grupos para hacerlo sentir más cómodo.
  4. Les enseña a crear metas: Un buen docente enseña a sus alumnos a fijar metas y luchar para conseguirlas. Un tropiezo no es una tragedia y la empatía del profesor en estos casos es fundamental para que el niño no se sienta fracasado. Con una sonrisa y un par de consejos sobre técnicas de estudio sabrá que no ha decepcionado a nadie pero que deberá estudiar más. En estas situaciones también es clave la actitud de los padres. La mayor parte de la educación de los niños viene de casa y parece que a algunos padres de familia se les olvida por las ocupaciones que tienen. Es necesario que exista una buena comunicación entre padres y educadores. Cuando los niños tienen problemas es necesario una reunión cada 15 días para estar enterados de los avances y progresos del niño. La única forma que el niño crezca sano y se desarrolle adecuadamente es a través de la armonía y el apoyo emocional.

Algunas claves para maestros sobre cómo ser más empático incluyen:

  • Crear espacios abiertos entre profesor y alumno: Si los niños sienten que están en un sitio donde se pueden expresar libremente siendo respetuosos con los compañeros y el profesor, estarán más dispuestos a seguir orientaciones y pautas.
  • Aprender sus nombres: esto es algo fundamental para que el niño sienta cercanía con su profesor.
  • Interesarse por su personalidad, miedos y problemas: Esto no solo hace referencia a nivel académico. Conocer algo de la situación familiar y personal del niño hace que pueda comprender ciertas actitudes y comportamientos del niño en clase. Además conocerlas también ayuda a que pueda potenciar sus habilidades y destrezas.

En términos generales la empatía es una habilidad que no solo los maestros deberían desarrollar; sino una destreza que cualquier persona debería fomentar para su vida personal y profesional. Pero partiendo del hecho de que la docencia educa y forma personas contar con esta habilidad es fundamental. El maestro es un guía si refleja su empatía y actitud positiva hacia sus alumnos; estos modelaran muchos de sus comportamientos.

Articulo elaborado por Inés Gómez- educadora infantil- Universidad de Salamanca 2019 para el siti web: “Eres mamá”.